Las perspectivas de una alfabetización digital




Sociedad de la información



El acelerado ritmo de apropiación social de las tecnologías de la información estimula un proceso de alfabetización digital que se relaciona con nuestra lo laboral o lo personal, estos  hábitos y recursos tecnológicos han comenzado a habitar nuestros mundos de forma impactante.

Prueba de ello son los mensajes de texto, mails, y la socialización de documentos en distintos formatos que intercambiamos con frecuencia y que van modificando nuestros procesos de socialización. Las distancias ya no resultan un impedimento para estudiar, trabajar o establecer comunicaciones en general. Estos medios agilizan e inmediatizan la interacción entre los usuarios, tiñendo las prácticas sociales de cierta mediatización, pero con muchas ventajas a la hora de evaluar los resultados.

La diversidad  de  servicios que ofrece Internet (y los nuevos medios) como posibilidad de interacción es amplísima, tanto que prácticamente lo virtual se está convirtiendo en una extensión del contexto real (tangible) que habitamos.


Niños/as y jóvenes alternar distintas formas de comunicarse, integrando diversos lenguajes y medios e instalando una especie  de naturalización de esta simultaneidad entre lo virtual y el mundo físico a través de su proceso de alfabetización (tradicional), y logran así maximizar los usos de  acuerdo a sus necesidades.

Es por eso, que debemos reflexionar respecto de cuáles son los aprendizajes que capitalizan de estos medios, cómo podemos –nosotros, inmigrantes digitales– enriquecer esos mundos compartidos con nativos digitales, sobre todo para potenciar los procesos de conocimiento.

“Si no conseguimos que la educación, la alfabetización digital y la conciencia cívica avancen en paralelo al desarrollo tecnológico, entonces las nuevas herramientas servirán para manipular mejor a una mayor cantidad de personas, que –además– estarán convencidas de que son muy modernas y participativas”.-José Luis Orihuela.

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Los desafíos de las nuevas alfabetizaciones

 Inés Dussel



Los sistemas educativos en el marco de un mundo digital

Con el ingreso a lo que se ha dado en llamar sociedad del conocimiento, nuestros países están cambiando de manera significativa sus perfiles productivos y, al mismo tiempo, las actividades culturales (que incluyen servicios, diseño, productos industriales, desarrollo de software, producción y exportación de bienes simbólicos y de know how, etc.) se han colocado en el centro de los debates sobre el desarrollo tanto en América Latina como en todo el mundo.

Hace 15 o 20 años venimos discutiendo un punto crucial referido a la dinámica industrial. La convergencia de empresas de servicios de telecomunicaciones provocó en los inicios de los noventa la formación de los grupos multimediáticos que no solo cambió el panorama empresarial de medios y tecnologías de la información, sino que además impactó de manera crucial en la educación y la cultura contemporáneas. Este fue un fenómeno mundial (y también muy latinoamericano) que vivimos de manera polémica cuando comenzaron a fusionarse las industrias de la televisión, la prensa gráfica, el cable y la TV satelital, las distribuidoras de servicios de Internet, la radio, las productoras y distribuidoras de música, etcétera.

En los trabajos de Richard Sennett sobre la introducción de las nuevas tecnologías en el mundo del trabajo, podemos ver con claridad las transformaciones que ha sufrido la industria capitalista en las últimas décadas y su particular impacto en el mundo del trabajo y en la vida cotidiana de las personas. La reflexión del autor incorpora al tema del cambio tecnológico, el problema territorial y simbólico que lo acompaña y nos muestra la crisis de un mundo donde la estructura de producción capitalista había definido territorios, tiempos, culturas y subjetividades que posibilitaban instituciones, relaciones sociales y subjetividades que caracterizaron al capitalismo industrial y donde la escuela acompañó a este proyecto y formó parte de él. Por eso Sennett también incorpora, entre los cambios que caracterizan a este momento histórico, no solo a las nuevas estructuras simbólicas que surgen de las experiencias del nuevo mundo del trabajo (basado en el trabajo en red, la flexibilidad de las instituciones, el fin de los territorios modernos, etc.) sino también las transformaciones en los procesos de aprendizaje y el lugar que ocupa el conocimiento en estas sociedades.





¿Cuál es, entonces, el impacto que están teniendo estos nuevos medios digitales sobre los sistemas educativos y más específicamente sobre la escuela como institución encargada de la transmisión de la cultura letrada?


Frente a esta pregunta los invito a ver este video y luego reflexionamos...



 Considerados desde la escuela, hay rasgos especiales en estos nuevos medios sobre los que vale la pena detenerse, no solo porque involucran nuevas relaciones de conocimiento sino porque proponen diferentes usos que pueden adaptarse a los fines de la escuela. Los nuevos medios permiten la autoría o la creación de los usuarios o receptores (en contraste con los medios tradicionales en los que el emisor tiene mayor peso), pero deberíamos pensar en la posibilidad que abren a la intervención, reescritura, modificación y cambio de sentido de los productos ya existentes que, de alguna manera, están ahora abiertos a la resignificación.
En efecto, los usuarios o consumidores están ahora llamados a la creación porque su vínculo con los productos digitales tiene siempre un horizonte abierto: ahora intervienen sus fotos, editan sus videos, se apropian y crean sus propias colecciones de música, y rearticulan textos que pueden contener varios modos de comunicación (palabra, música, imagen) al mismo tiempo. Para la escuela, se plantea una pregunta inevitable: ¿cuáles son las posibilidades creativas y cognitivas que tienen entonces los nuevos medios?

Andrew Burn, un docente de educación en un medio inglés, señala que la posibilidad de ser autores de medios ha cambiado porque las nuevas tecnologías permiten a una escala mucho mayor, más económica en tiempo y más efectiva en el plano de la comunicación, realizar los siguientes procedimientos:

• Interación (revisar indefinidamente).
• Retroalimentación (despliegue del proceso de trabajo).
• Convergencia (integración de modos de autoría distintos: video y audio).
• Exhibición (poder desplegar el trabajo en distintos formatos y plataformas, para distintas audiencias) (Burn, 2009: 17).

Los informes que han elaborado Henry Jenkins (2006) y Tyner y otros (2008) enfatizan las posibilidades enormes de prácticas de conocimiento que habilitan los nuevos medios, por lo que estos autores hablan de “permisibilidades” (affordances): acciones y procedimientos que permiten nuevas formas de interacción con la cultura, más participativas, más creativas, con apropiaciones originales.



Repensando el trabajo con las nuevas alfabetizaciones

En este apartado, nos ocuparemos de dos alfabetizaciones “nuevas” que consideramos deberían incorporarse a nuestras concepciones sobre lo que debe transmitir la escuela básica y a la formación docente: la alfabetización tecnológica y la alfabetización audiovisual o mediática.

En relación con la primera, en el mundo anglosajón hoy se habla de eliteracy, o alfabetización electrónica o digital, para referirse a la educación que permite conformar una relación crítica y productiva con las nuevas tecnologías. Creemos que es fundamental que las escuelas propongan una relación con la tecnología digital significativa y relevante para los sujetos que las habitan. La “alfabetización digital” debería ayudar a promover otras lecturas (y escrituras) sobre la cultura que portan las nuevas tecnologías, que les permitan a los sujetos entender los contextos, las lógicas y las instituciones de producción de esos saberes, la organización de los flujos de información, la procedencia y los efectos de esos flujos, y que también los habiliten a pensar otros recorridos y otras formas de producción y circulación.


La alfabetización digital: no se trata de mantener apagada la computadora, o pelearse como “ludditas” (los destructores de máquinas de principios del siglo XIX) con las redes, sino de pensar otros usos y posibilidades que se abren a partir de los nuevos desarrollos. Como suele decirse, lo importante no es la tecnología sino lo que hagamos con ella, lo que enseñemos sobre sus usos y posibilidades, y también sobre sus límites.

En ese sentido, creemos que no es suficiente con “enseñar computación” y los programas de software (de nuevo, como si fueran técnicas asépticas y neutrales), sino que deberían sumarse otros saberes, disposiciones y sensibilidades que permitan enriquecer la vida de los alumnos que los ayuden a plantearse preguntas y reflexiones a los que solos no accederían, y que les propongan caminos más sistemáticos de indagación, con ocasiones para compartir y aprender de y con otros.

Es fundamental, por ejemplo, enseñar la noción de red y su extensión en muchas actividades humanas, y ayudar a develar las jerarquías, desigualdades y subordinaciones que siguen operando pese a su apariencia horizontal e igualitaria (también, en este punto, sería interesante enseñar sobre las transgresiones, sobre la creatividad y la productividad de muchos emprendimientos individuales o de pequeñas asociaciones que elaboran otras cadenas de noticias, o de solidaridades, o de creaciones artísticas o sociales). Es fundamental también hacer lugar a otros conocimientos y experiencias que circulan en Internet, o que se almacenan en CD, estudiando por ejemplo cómo cambia el conocimiento cuando se archiva en uno u otro formato, discutiendo qué se transformó de las viejas bibliotecas de papeles a las nuevas formas virtuales, e indagando sobre las posibilidades y los límites que ofrecen los buscadores actuales para rastrear información, experiencias, relatos; ayudarnos a pensar qué encontramos y qué no encontramos con esos buscadores, y pensar criterios con los que leer y organizar (poner en relación, dar sentido, interpretar) lo que hallamos. Todo ello hace a la relación con el saber, con la lengua, con los otros, con el conocimiento acumulado; y hace a nuestro lugar en una sociedad humana que se forma de muchas herencias, lugar que debería permitirnos dejar una huella propia para que otros la retomen más adelante.

Otra cuestión de primera importancia es proponer estudiar, en el aula, las nuevas formas de escritura que circulan en salas de chateo o en los correos electrónicos, y discutir sobre la ortografía, el abandono de las vocales, y el uso de otros códigos comunicativos. También deberíamos investigar los patrones de sociabilidades que se establecen, las reglas escritas y no escritas de “etiqueta” en estos intercambios, y sobre todo las formas de subjetividad que aparecen como legítimas y valiosas y las que quedan marginadas y desechadas. Sería deseable trabajar con los alumnos sobre los efectos pedagógicos de los juegos de rol, sus similitudes y diferencias con otros juegos que requieren interacción cara a cara, sus ventajas y desventajas, el lugar que dan a la afectividad y al intercambio con otros de carne y hueso, distintos a nuestra mera proyección imaginaria sobre ellos.

También sería interesante ponernos y ponerlos a investigar sobre usos diferentes de las nuevas tecnologías en distintos países, que los ayuden a reflexionar sobre los condicionamientos económicos, culturales, geográficos, políticos y sociales que tiene la relación con la tecnología y que no se dejan simplificar en la presencia o ausencia de una máquina (Snyder y otros, 2002). Esa indagación también les daría una experiencia valiosa sobre las diversas maneras de ser niños o jóvenes en distintas sociedades, en distintos sectores sociales y hasta en distintos barrios o circuitos socioculturales.


Otro elemento importante que podría abrirse con las nuevas tecnologías es la capacidad de crear recorridos y producciones originales de cada uno de los alumnos. Eso implica pensar a los chicos como “productores culturales por derecho propio” (Buckingham, D., 2002:225), lo que tendrá consecuencias tanto en cómo encaren su propio proceso de aprendizaje y su capacidad de proyectarse hacia el futuro, como en ocupar un lugar distinto como sujetos políticos con igualdad de derechos. Algunas experiencias realizadas con la creación de páginas web, instalaciones virtuales o CD muestran las enormes posibilidades que abren estas experiencias.
En relación con la alfabetización audiovisual o mediática, creemos que es importante proponer también formas de trabajo con la imagen y con los productos de la cultura audiovisual que enriquezcan el trabajo escolar. La imágenes uno de los modos de representación más extendidos hoy, mucho más probablemente que las palabras. Vivimos en una sociedad dominada por las imágenes, desde la televisión y la publicidad; aprender a leer esas imágenes y analizar la carga que contienen, “abriéndolas” hacia contextos más amplios y poniéndolas en relación con otros relatos y discursos que interpretan esa realidad, es una tarea educativa de primer orden.

El historiador y crítico Georges Didi-Huberman plantea que “para saber, hay que imaginarse” (Didi-Huberman, 2003: 17), y esta imaginación no es el acto de libre asociación sino el de darse un tiempo de trabajo con las imágenes. Para DidiHuberman, hay que actualizar los puntos de contacto entre la imagen y el conocimiento, porque no podemos ver lo que no sabemos. Hay que preparar y trabajar la lectura, atento a lo que de la imagen queda por fuera de las palabras, pero también preocupado por dotar de sentido e inscribir en relatos políticos y éticos a la imagen. Esto implica poner en juego conocimientos curriculares, pero también una educación de la sensibilidad que quedó por fuera de la pedagogía tradicional, excesivamente preocupada por los contenidos intelectuales-racionalistas.

En segundo lugar, hay que recordar que “la imagen” no es un artefacto puramente visual o icónico, sino una práctica social material que produce una cierta imagen y la inscribe en un marco social particular, y que involucra a creadores y receptores, productores y consumidores, poniendo en juego una serie de saberes y disposiciones que exceden en mucho a la imagen en cuestión. Explicitarlo y trabajarlo es un aspecto fundamental para “educar la mirada”. Y no se trata sólo de la consabida “crítica ideológica” que sigue a las típicas preguntas de quién produjo esta imagen y para qué; importa, más bien, ayudar a pensar en la especificidad de ese lenguaje, en la historia y en la sociología de esa técnica o de esa actividad, en la construcción de estereotipos visuales, en las emociones que se activan con la imagen, en los saberes y lengua es que se convocan al acto de ver. El trabajo pedagógico que imaginamos debería incorporar elementos de semiología visual, pero también elementos de historia, de crítica cultural, de ética y filosofía, de economía y tecnología.
En tercer lugar, hay que reconocer, e incorporar a la propuesta escolar las consecuencias, que la cultura de la imagen aporta mucho a las identidades y los conocimientos de este tiempo, porque provee géneros, modos, texturas, espesor, y hasta sonidos, a la imaginación que tenemos de la sociedad y de la naturaleza. Un elemento importante es pensar qué se hace con las emociones  que despiertan las imágenes; como lo señala Sontag (2003), es allí donde se juega la posibilidad de la reflexión ética y política, y es allí donde el trabajo educativo debería ser más sostenido, más denso y más complejo.

Parece que se hubiera olvidado que la relación con otros se apoya también en sensibilidades y disposiciones éticas y estéticas, en dejarse conmover, en poder escuchar otras historias y en ser capaces de pensar y contar nuestras historias. También en poder juntar estas historias con otros saberes, en cruzar lo singular con lo universal, en poder pensar reglas más complejas y más interesantes para los desafíos que nos presenta la vida en común.


Al mismo tiempo, creemos que es necesario reiterar la importancia de trabajar hacia relaciones más abiertas y productivas entre educación y medios de comunicación de masas. Creemos que es conveniente moverse de una visión lineal, unidireccional, adversativa y decontextualizada de los medios que prevalece en el sistema educativo y en muchas críticas pedagógicas de los medios de comunicación  de masas, hacia una visión más compleja.


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